
Lunes por la noche llegué a casa dispuesto a ver el famoso debate de marras. La verdad, entendía que era un ejercicio “obligado” de cara a las elecciones.
Pero, por aquellas cosas que pasan, una vez me puse la ropa más cómoda y estaba en el sofá en postura propia de bacanal Romana, me lo empecé a replantear: ¿Será interesante? ¿O, solamente una continuidad del “debate” de los últimos 4 años? ¿Habrá alguna aportación nueva? ¿Programa de futuro?
Y al final, otro hecho acabó inclinando la balanza. Anunciaban en Tele 5 el último capítulo de CSI Miami. La serie no es de lo mejor, pero yo estoy enganchado al actor David Caruso (Horatio Caine en CSI Miami), por las poses físicas y las sentencias propias de chulo piscina de pueblo. Y, ante la adversidad de no poder volver a disfrutar de sus estático chulescas interpretaciones me llenó de zozobra. En definitiva, lo confieso: NO VI EL DEBATE entre Zapatero y Rajoy. Me introduje en los horripilantes crímenes de la clase media Americana.
Por cierto, uno llega a la conclusión que la clase media Americana es estúpida, ya que guardan la ropa, el arma del crimen, los zapatos u otros objetos que los pudiera incriminar, para que “casualmente” los encuentren los CSI.
En fin, me levanté por la mañana, y mientras me desayunaba (esta frase siempre me hizo gracia, ya que me viene a la cabeza la imagen de comerme a mi mismo) fui haciendo zapping entre los canales para ver el resultado del debate.
Parece ser que acerté plenamente. No hubo debate. Simplemente y tras 4 años de acusaciones y empujones de pasillo, se sentaron y se fueron reprochando lo que hizo o dijo cada uno. Cosa de “gran” interés, se ve.
Nada, que acerté, que la otra serie Rajoy – Zapatero, no aportó capítulos nuevos y fue un remake de los últimos 4 años.
Me comprometo a ver el siguiente debate, pero si en los primeros 15 minutos no aportan nada nuevo, y se limitan a peleas de patio, buscaré algún sustituto de Horatio Caine, o leeré.
De ellos dependerá.
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